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Está considerada como una de las mejores coreografías del siglo XXI y la obra maestra de su coreógrafo, Christopher Wheeldon, por la que ha sido galardonado con el premio Laurence Olivier.
“Romántica con un toque cómico”, así la describe su creador. Sus cortas secciones, coreografiadas en un neoclasicismo inusual, juegan con los ángulos en los duetos y utiliza movimientos de la danza moderna en continua fusión con la danza clásica.
Anclado por la apertura dinámica, llena de giros de torsión, movimientos extravagantes, que parecen estar desgarrando el tejido musical.
El primero de los dúos, evoca el mar con sus criaturas nadando, el segundo, se parece a una extraña planta en crecimiento y cierra sobre sí misma. Los últimos portes horizontales, se van apagando y frenando el movimiento como fotogramas que se funden semejando una película.
Polifonía de Lígeti (muchas voces individuales que suenan al mismo tiempo) con fugaces referencias a Stravinsky, Debussy, Prokofiev y Kodály, entre otros, encuentran su contrapartida perfecta en la coreografía de Wheeldon. |