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:: In The Upper Room. Coreografía de Twyla Tharp ::
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Música: Philip Glass
Música producida por: Kurt Munkacsi
Diseño original de Vestuario: Norma Kamali
Diseño original de Iluminación: Jennifer Tipton
Montaje de la Coreografía: Keith Roberts
Duración: 40'

 Entrenada el 28 de agosto de 1986. Pieza creada para el American Ballet Theatre

Ashley Ellis & Natalia Tapia en In the Upper Room. Foto: Rosalie O'Connor           GALERÍA FOTOGRÁFICA

In the Upper Room fue concebida a regañadientes cuando Twyla Tharp pidió a Philip Glass que compusiera una partitura para un nuevo baile. En ese momento, Glass, sobrecargado de trabajo, intentó rechazarlo, pero la coreógrafa respondió con una modesta súplica: “Mira, Phil, un poco de música cada día después del desayuno”. El ballet que resultó de esa petición es, hoy por hoy, uno de los más aclamados de Tharp.

 


 

         Al comienzo de la obra, cada una de las dos mujeres, a quienes Tharp compara con guardianas de un templo chino, alza el pie y, plegándolo por detrás de la espalda en un gracioso arco, lo atrapa después con el brazo opuesto. Este motivo de apertura expresa acción e instante, una pérdida de equilibrio y, finalmente, una suave recuperación, representando la base del ballet entero, su raíz, coreografía que se revela tan hipnótica como la partitura de Glass.

          Con cada avance de la historia el escenario se expande y se retrae en medio de un calidoscopio de colores en blanco y rojo, generados por el vestuario diseñado por Norma Kamali. Con este torbellino, Tharp transmite tanto la frenética desesperación como la ternura. Dos mujeres clavan sus punteras rojas en el suelo como agujas ansiosas. Tres parejas, vestidas con holgados pantalones blancos, saltan en torno al escenario en afiladas y geométricas pautas.

          In the Upper Room es una sucesión de pequeñas explosiones. Cada baile erupciona y las partículas se reagrupan para formar algo todavía más asombroso, hasta que Tharp ensambla todas las piezas en un emocionante final; cuando las dos mujeres, como perros guardines, regresan para dejar caer sus manos cerradas en puños con una expresividad deslumbrante que hace bajar el telón.

 
"En esta obra, Tharp sacó al ballet del formato obsoleto del siglo XIX y lo transportó hacia el mundo moderno". Philip Glass
 
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